lunes, 2 de abril de 2012

Pisapapeles



Ha aprobado el Pleno Municipal de Granada un severo plan de ajuste que deja la ciudad a dos velas durante la próxima década, más duro que el de otras ciudades porque aquí el derroche y la mala gestión de los años pasados han sido superiores
Son recortes que nos suben algunas tasas, dejan en el aire las prestaciones en dependencia y acaban con la cooperación y la solidaridad -términos de los que abominan quienes prefieren la caridad cristiana-; recortes que basan la reducción de gastos en que los directivos de Rober e Inagra birlen a sus empleados un bocado de sus salarios mientras les encañonan con la reforma laboral.
Los viejos, los pobres, los enfermos y los trabajadores son superfluos, pero hay algo inmune a los recortes: la Semana Santa. El jueves el alcalde renovó la subvención a las cofradías sin rebajar ni uno de los 75.000 euros que nos cuesta; mimando a los cofrades pueden los ediles lucirse ante el pueblo enmedallados y solemnes cual cariátides en el palco oficial, ante las cámaras de esa tele local -que nos ha costado ya más de tres millones- llena de actos de homenaje, premios y condecoraciones, fútbol y más cofrades y pasos de palio que Canal Sur y Radio Granada juntas, que ya es decir. La generosidad del alcalde con las cofradías se justifica en el valor añadido que la Semana Santa de Granada genera en el sector turístico, y contrasta con la cofradía del puño cerrado de los hoteleros y hosteleros, que se han negado a dar un euro a las hermandades, pese a ser ellos los beneficiarios directos de este espectáculo callejero de ocho días. Los mismos empresarios con quienes nuestro alcalde es tan solícito que les quiere regalar el Albaícín convertido en parque temático tras vaciarlo de sus molestos viejos.


Al recorte aprobado, la concejalada popular podría sumarle ahora una amnistía a quienes más impuestos deben, como ha hecho el jefe Rajoy.
Claro que han demostrado tal ineptitud como gestores que, a poco dinero oculto que aflorase, se lo gastarían en autobombo, al igual que su doblemente presidente provincial -del partido y de la Diputación- Sebastián Pérez, ha aprobado un gasto de 11.800 euros en cien pisapapeles decorados con el escudo de la Diputación
Además de inútil, un pisapapeles con escudo heráldico es un objeto anticuado, rancio, un artilugio de notaría con hedor a polvo y naftalina, viejuno, demodé, facha. Así son estos gobernantes que llevan gastado un dineral en cambiar la cartelería oficial de la Diputación modificando el lema “Red de municipios” por el de“Granada es provincia”. Sólo dos letras más, “Granada es provinciana”, y se describirían mejor a sí mismos y a la ciudad y la provincia que nos van a dejar.

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