domingo, 25 de diciembre de 2011

Lumbreras


Echaba ya de menos la añeja matraca de la ampliación de Sierra Nevada. Tanto la han hecho sonar que la cuenta se pierde en los tiempos en que no había Internet para documentarlo. Ahora son los empresarios granadinos quienes desempolvan un debate que la razón siempre acaba por devolver al olvido del que nunca debió salir.

La propuesta de la patronal sobre Sierra Nevada es parte de un decálogo de propósitos de año nuevo. Como quien promete dejar de fumar o ir al gimnasio los empresarios nos repiten sus demandas de flexibilidad extrema, contratos adaptados a las necesidades de “cada empresa y cada sector" -a las necesidades básicas de las familias que las zurzan-; piden menos burocracia de la Administración pero más dinero de la Administración; se apuntan a los miniempleos cuando ellos, en la hostelería sobre todo, “miniemplean” pagando y cotizando medias jornadas a quienes trabajan once horas. Y profesan una fe religiosa en las infraestructuras, como si una autovía o un aeropuerto atrajeran el maná de los cielos. Ante la repetición año tras año de idénticas recetas me pregunto qué parte de la
situación que sufrimos es responsabilidad de las escasas luces de nuestros empresarios.

 Respecto a Sierra Nevada plantea la patronal granadina triplicar el actual área
esquiable de 350 a mil hectáreas, lo que, aseguran, triplicará el número de esquiadores por campaña, y unos nuevos accesos a la estación, la santa autovía que todo lo cura. La gracia se la ríe el consejero de Turismo, cuya sensibilidad ambiental es equiparable a la de Saddam incendiando pozos. Consejero y empresarios -reunión de luminarias- por ignorar ignoran que a las grandes estaciones alpinas se accede por sinuosas carreteras de montaña y nadie se queja; ignoran que cuando la exministra Cristina Narbona encargó el plan de uso del Parque Nacional advirtió de que Sierra Nevada debe ir pensando en un futuro sin nieve, pues el cambio climático es más evidente que la efectividad para atraer turistas de una carretera o un puerto deportivo -o un ascensor a la Alhambra, que también apoyan-.
Ignoran que la existencia del Parque Nacional que quieren llenar de telesillas ha recuperado población en sus municipios y dinamizado sus economías -moderada y sosteniblemente, conceptos ajenos a su mentalidad-. E ignoran que construyendo un molino no se hace pan si no hay trigo. En Huesca se abrió un aeropuerto que iba a disparar el turismo de nieve. En noviembre pasaron por él cuatro pasajeros. En días de diario las pistas de Sierra Nevada están casi vacías, y no siempre hay demanda que asegure el lleno en los puentes. Pero nada les apea de la fórmula de cuanto más mejor, del perpetuo crecimiento. Los papás empresarios de estas lumbreras nunca encontraron tiempo para contar a sus hijos el cuento de la gallina de huevos de oro.

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