lunes, 25 de julio de 2011

Vuelven banderas victoriosas


Sebastián Pérez Ortiz sigue sin caber en sus zapatos ni tocar con ellos el suelo, en un prolongado acto de levitación que comenzó cuando el pasado día 14 obtuvo su bastón de mando como presidente de la Diputación Provincial y se lo entregó a su mamá con amor. Sebas sigue en lo suyo, recorrer la provincia -encomiable ejercicio de cercanía- pero ya investido de la púrpura del mando, y mientras tanto sus muchachos se ocupan concienzudamente de darle la vuelta como un calcetín al suntuoso edificio del barrio de los Periodistas, para que pronto nada recuerde las tres décadas de rojerío institucionalizado.


Hoy mismo ha comparecido su vicepresidenta, Luisa García Chamorro, para con su adusto gesto de aire supernumerario anunciar que la primera medida adoptada por la nueva Diputación era un recorte de puestos de confianza. Bueno, no exactamente. La primera medida de calado, en la que se percibe la impronta de ese decorador de fachadas y amante de las buenas formas que es José María Guadalupe, es el cambio del fondo rojo de la sala de prensa de la Diputación por otro en verde provincial en el que destaca la heráldica de toda la vida. Dicha heráldica ha sustituido en todos los membretes al carísimo logotipo que durante los últimos años simbolizó a la institución.

Respecto al fondo de lo anunciado por Chamorro, bien está que se eliminen pelotas, quitapelusas y enchufados de toda índole, pero ni la reducción  ha sido para tanto, 20 puestos de confianza menos, ni había tantos como pregonaban, 63. Uno nunca entenderá lo de los asesores de los grupos o que cada uno de ellos tenga un periodista de cabecera -o sí que lo entiende, hay mucho allegado que colocar-, pero llama la atención que con los puestos eliminados sea la oposición la que más pierde. Sin liberados, sin cargos de confianza y con un 20% menos de asignación a los grupos. "Nosotros también nos aplicamos la misma medicina" dicen desde el PP. Cierto, pero también lo es que quien está en el poder ya tiene  todo su aparato a su servicio. La austeridad anunciada hoy por Chamorro es estilo Cospedal, de la que empieza por los demás y además viene al pelo para quitarse de encima mecanismos de control de la labor de gobierno y garantías de transparencia.

El regreso del Duende

Si algo ha funcionado bien en todos estos años en la Diputación de Granada ha sido el trabajo de los técnicos -no los políticos- de determinadas áreas, especialmente la de Cultura, con espléndidos frutos como el Centro Guerrero o la Oficina de Festivales, en los que la inteligencia y la imaginación han suplido con éxito las carencias y recortes presupuestarios -qué mejor ejemplo que el increíble cartel de este verano del Jazz en la Costa, clausurado ayer mismo-. Por eso da bastante grima conocer el nombramiento al frente de dicha área -puesto de confianza de estreno- de Joaquín Alfredo Abrás de Santiago, otrora conocido con el alias "El Duende del Realejo", concejal de relaciones Institucionales y Fiestas Mayores en el Ayuntamiento de Granada durante el mandato del difunto Gabriel Díaz Berbel, miembro del -no sé si aún activo- Club de la Capa, convencido meapilas y de profesión sus pregones -igual te pronuncia uno sobre la resistencia de La Peza a la invasión napoleónica que una exaltación de María Auxiliadora plagada de ripios cofrades. Que en sus manos esté el destino del Centro José Guerrero, el Festival de Jazz, el Patronato Federico García Lorca o el Aula de Cine del Palacio de los Condes de Gabia es para echarse a temblar, y ya imagino a algunos de esos técnicos llorando por las esquinas.

Banderas derrotadas y victoriosas

Me refería a los puestos de confianza que el Partido Popular pretende recortar y, aún saliéndome del tema de este post, la Diputación, terminaré hablando de uno que anda muy bien agarrado y que si por si le fallara algún agarre hace todos los méritos que puede. Me refiero al gerente de la empresa municipal de servicios funerarios de Granada, José Antonio Muñoz. Esta mañana él mismo se puso a las órdenes de la cuadrilla -parece que hacían falta varios para desprender un trozo de cartón- que arrancó, como todos los años la humilde placa que, como todos los años, la Asociación Granadina para la Memoria Histórica había colocado en la tapia Este del cementerio de Granada donde está documentado el fusilamiento de casi cuatro mil personas durante la Guerra Civil y las primeras dos décadas del franquismo... O tal vez que "encontraron la muerte por circunstancias de la guerra", como textualmente dijo que le había pasado a Federico García Lorca el portavoz municipal del PP Juan Garcia Montero. Del mismo modo, cuando el pasado 20 de julio se tributó el homenaje anual a las víctimas ante esa tapia, los organizadores solicitaron a Emucesa que les suministrara corriente eléctrica para un pequeño sistema de megafonía con el que pretendían leer testimonios, cartas y sentencias de muerte, a lo que Muñoz se negó rotundamente. Sigue teniendo una explicación muy complicada el empeño de los munícipes del PP y sus adláteres por eliminar esa humilde placa, y al mismo tiempo por mantener el monumento a José Antonio Primo de Rivera en la plaza de Bibataubín. Puede que García Montero al rescribir la muerte de Lorca demuestre que el PP cada vez se corta menos en su identificación con los vencedores de una guerra que quieren seguir ganando.

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