lunes, 4 de julio de 2011

Los del Río

Fotografías: Juan Enrique Gómez para Ideal. Vídeo: Canal 21-La Opinión



Hace unos días el alcalde Torres nos mostró los hierros oxidados que salen de la superficie del Genil a la altura de la Fuente de la Bicha, ferralla que ha emergido tras erosionar el agua el hormigón que la cubría. “Cualquier día un niño se nos mata con uno de esos alambres”, auguró dramáticamente el primer edil, que reconocía la dificultad de evitar que la gente se bañe, como le pedía el delegado de Medio Ambiente


Pero río abajo no es la responsabilidad de la Agencia Andaluza del Agua, la Confederación del Guadalquivir, Los del Río, o como se llamen ahora los señores de las aguas, sino del propio Ayuntamiento. A pocos metros de Puente Verde, donde se forma la poza preferida por los bañistas, mallas enteras de ferralla con idéntica capacidad de convertir a los críos en pinchitos morunos son visibles bajo el agua. La zona, además, es un estercolero olvidado por los operarios que con primor cuidan cada florecilla del Paseo de la Bomba, a sólo cincuenta metros de allí. Restos de botellón, basuras, excrementos y papeleras que rebosan sin que nadie las vacíe durante semanas son el paisaje fluvial de esta parte de Granada.

En el río del que hablamos nos gastamos cuatro mil millones de pesetas cuando el Mundial de Esquí. “Era un basurero”, se justifica el entonces alcalde Jesús Quero -ahora también lo es- en una reciente entrevista en la que frente a quienes critican aquella intervención se permite ser sarcástico: Ahora está muy cuestionado, dicen que hay que renaturalizarlo... No sé, le echaremos ranas y le podremos cañas de bambú”... Sí, bajo las uñas a los políticos que gastan nuestro dinero en pasar a la historia con su particular mausoleo.

Este río raro con lecho de hormigón desde el Puente de la Duquesa a la ciudad sí tiene atractivos y cumple sus funciones de evitar avenidas, canalizar el agua de riego de la vega que se perdía por las viejas acequias que el crecimiento urbano inutilizó y habilitar zonas de paseo muy utilizadas en la actualidad; pero carece de una cubierta vegetal permanente y propia de las riberas en sus orillas y sufre sobre todo el abandono. Hace dos inviernos los temporales se llevaron la pasarela peatonal que unía ambas orillas de la 'ruta del colesterol' sin que nadie se haya preocupado por reponerla.

Otra cosa es el verdadero cauce urbano, aguas abajo de Puente Verde. Las compuertas y la ridícula lámina permanente de agua cambió a los granadinos un río deteriorado por una rambla infecta, con zonas de agua estancada, con insectos y malos olores. Es ahí donde se precisa esa renaturalización que ridiculizaba Quero, un cauce dentro del cual el río deposite sus sedimentos, busque su trazado, y crezca la vegetación. Pero de eso la Agencia, la Confederación, Los del Río o como se llamen -los socialistas de Granada, en fin- no quieren oír hablar. No sea que deban reconocer que hace veinte años cometieron un error.

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