domingo, 12 de junio de 2011

Cacerolas

Sonaban cacerolas mientras tomaban posesión las nuevas corporaciones. “No nos representan”, proclamaban las consignas. En Granada capital, donde la aplastante mayoría del PP no hay Ley Electoral que la corrija, la frase pierde sentido, o necesita de otras acepciones, pero en varios municipios de la provincia, donde mediante los pactos la clase política ha vuelto a tomarle el pelo a los ciudadanos, las cacerolas deberían sonar sin descanso durante los próximos cuatro años.


Más que las cacerolas suena el rasgar de vestiduras socialistas, por el escándalo de que en un puñado de municipios españoles Izquierda Unida no les ha dejado gobernar -en la mayoría sí lo ha hecho- y vuelven a sacar aquel viejo fantasma -que como todos los fantasmas nunca exisitió- de la pinza (El período así llamado en Andalucía, en el que el PSOE tuvo que gobernar sin mayoría absoluta, fue el más democrático en la historia de la Comunidad Autónoma). Con desvergüenza exige ese apoyo invocando a la izquierda el PSOE que ha sepultado la socialdemocracia y aplicado -“cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste”, decía solemne Zapatero- el plan de estudios de la Escuela de Chicago, arrasando a su paso derechos y libertades. Pronuncian en vano el nombre de la izquierda e insultan a nuestra inteligencia. Por eso en Trevélez suenan cacerolas resignadas para constatar que lo que ha quitado a IU la alcaldía es un pacto de hermanos siameses. Por eso harían bien en callarse los socialistas que han hecho alcalde de Ogíjares a quien ya lo era cuando José Luis del Ojo era la mano que mece la cuna y las acusaciones de corrupción eran el pan de cada día. Las cacerolas deben sonar cuatro años seguidos en Ogíjares y en la Torre de la Pólvora.


Francisco Plata, nuevo alcalde de Ogíjares






Debían estar sonando en Loja donde el grupo minoritario se ha burlado de todos y el PP le ha seguido el juego, sacrificando a su candidata con tal de gobernar; en Armilla, donde UPyD ha mentido y calumniado para justificar la traición a sus propias directrices y apoyar a un alcalde, Antonio Ayllón, que sólo representa a una cuarta parte de los armilleros. En Almuñécar no sé por quien deben doblar las cacerolas, pero deben, porque si losediles socialistas no se rebelan, el PSOE habría hecho a Juan Carlos Benavides alcalde en la sombra, pero lo que ha salido finalmente tampoco es lo que los electores votaron.


Protestas ante el Ayuntamiento de Armilla

Nuevo gobierno local de Loja
Quienes tanto reivindican la norma de que gobierne el más votado -cuántas veces lo habré oído en AbenHumeya, 15- son los primeros en incumplirla. Los pactos amputan una democracia ya paticoja. Regenerar el sistema requiere la prohibición expresa de los pactos postelectorales y de las mociones de censura. Las elecciones municipales deberían celebrarse en doble vuelta; en la primera se elegirían los concejales con listas abiertas y sistema proporcional; en la segunda se designa al alcalde entre los candidatos de las dos opciones más votadas. Y esos alcaldes habrán de asumir que en muchos casos gobernarán en minoría, lo que significa pactar, pero a diario y por asuntos concretos. Significa trabajar mucho, por eso gobernar en minoría asusta tanto a los políticos. Las cacerolas van a tener que seguir sonando porque los políticos no quieren ser controlados y mucho menos por el pueblo.

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