lunes, 16 de mayo de 2011

Cuéncame

Hace una semana en esta misma columna lamentaba que una información periodística con más inferencias que hechos bastara para declarar culpable al candidato socialista a la alcaldía de Granada de favorecer desde sus cargos públicos los negocios de su pareja. Lo malo es que desde entonces la cosa se ha puesto más y más fea, y las sospechas más consistentes. En el PSOE abrían cada día El Mundo rezando por que no saliera lo del cuñado director de museos; pero acabó saliendo. Lo que en el Partido Popular de inmediato se bautizó como 'caso Cuenca' -hermano gemelo del caso Velasco- es hoy veneno en las urnas, sin antídoto posible o cura viable que no sea una traumática amputación.

La saña con la que desde el PP se han lanzado a la yugular de Francisco Cuenca sorprende por innecesaria con la victoria en la capital tan cantada; a menos que no las tengan todas consigo para hacerse con la Diputación. En lugar del programa los populares andan repartiendo fotocopias de El Mundo. Prensa libre lo llama Juan García Montero, y desde Turín se oyen las carcajadas de los Agnelli. Sorprende menos que el PSOE haga una gestión informativa tan patosa. Eliminar el blog empresarial de la mujer de Cuenca, y que cualquiera puede seguir viendo en el caché de Google, sonó a confesión. El comunicado sin admitir preguntas del primer día fue una tomadura de pelo; la presentación de unas declaraciones de la renta fechadas un día antes y sin sello o código electrónico de la Agencia Tributaria es un insulto a la inteligencia.

Esto no va de tribunales. Seguro que ni Cuenca ni sus familiares han cometido delito alguno. Manuel Chaves y su hijo son una prueba de que se puede carecer de ética sin quebrantar la Ley. Pero lo de Cuenca responde más bien a vicios asentados en un régimen de treinta años. Él mismo pertenece a una generación criada en la calle Águila y en Torre de la Pólvora cuya escuela es el partido; hijos, sobrinos, parejas, pupilos... medrando unos a la sombra de otros. Lo escandaloso es que se trata de la misma generación que si no es parte de la casta política no logra crear una empresa, no obtiene local y medios para desarrollar sus ideas, ni encargos de la Administración pues los protegidos los copan. Entonces, en lugar de montar un museo, trabajan por ochocientos euros tras la caja del Lidl.

Cuenca es una apuesta personal de la secretaria provincial del PSOE. Teresa Jiménez impuso a su ojito derecho sin primarias, silenciando a muchos socialistas que consideraban un suicidio ese cartel electoral y ninguneando a quienes se batieron el cobre en la oposición municipal sin desertar. No es descabellado pensar que alguien de dentro haya ido con el soplo a El Mundo. Si los problemas del candidato dan lugar a una catástrofe electoral, es el sillón de Jiménez y no el de Cuenca el que ha de moverse. A él aún le queda una semana para salvar los muebles, buscar una salida digna y sobre todo -Cuéncame como pasó- darnos muchas explicaciones.

Fotos: Ideal, El Mundo y RadioGranada.es

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