domingo, 6 de marzo de 2011

Zelig candidato

Zelig es mi película favorita de Woody Allen. Para quien no la conozca, se trata de un falso documental (mockumentary) que mediante testimonios a cámara y falsas imágenes de archivo narra la vida de Leonard Zelig, un tipo, interpretado por el propio Allen, que en la década de los años veinte del siglo pasado se hizo popular cuando se multiplicaron sus apariciones en diferentes lugares y con aspecto siempre distinto. Se trata de un caso de camaleonismo provocado por un extrema inseguridad, que lleva a Zelig a camuflarse entre las personas de las que se rodea, adaptando su personalidad e incluso su apariencia física para ser aceptado. Así, si se codea con judíos le crecen tirabuzones y barba y discute con soltura el Talmud, o entre negros llega a oscurecérsele la piel y le cambia la voz.

Como un Zelig del Siglo XXI el candidato socialista a la alcaldía de Granada, Francisco Cuenca, amenaza con mimetizarse con todos los ambientes en los que se introduzca para pedir el voto de aquí a las elecciones. Y para empezar, el pasado viernes convocó a la prensa ante las taquillas del Estadio de los Cármenes justo después del desencuentro protagonizado por el alcalde de Granada y el presidente del Granada CF Quique Pina a cuenta de la prometida ampliación del estadio. Cuenca vino a prometer "cuando sea alcalde" -esa frase que repite como un mantra a ver si logra que alguien se la crea- que ampliaría el graderío en nueve mil localidades, que permitiría la explotación de los locales comerciales y ayudaría a obtener patrocinadores. Y todas estas promesas las escenificó ataviado como Pepe el Hincha, el forofo del Pedrusco FC que dibujaba Peñarroya para Bruguera: con la bufanda rojiblanca del Granada al cuello y mostrando carnés de socio de cuando era un crío, para demostrar que su granadinismo no es preelectoral sino de toda la vida.

Esto promete ser un carnaval ¿Veremos también a Paco Cuenca con azada y ataviado de labriego cuando acuda a pedir el voto a los agricultores de la vega? ¿Saldrá en gayumbos de Adidas y calentadores a repartir propaganda por la Ruta del colesterol? ¿Lucirá jersey anudado sobre el cuello levantado del polo Ralph Lauren, gomina y pulserita rojigualda para arañar votos en los feudos del PP? Lástima que el orgullo gay sea después de los comicios pues sería impagable ver a Cuenca bailando sobre una carroza con suspensorio de cuero para ganarse a los votantes "LGBT" como dicen los cursis. De momento ha empezado por la hinchada futbolística partiendo de la base de que el personal que la compone sea tonto de baba, que es lo que debe pensar quien le diseñe estas apariciones que me temo acabarán siendo contraproducentes para su campaña. Porque, la verdad, ya uno no sabe si de lo que más carece el candidato Cuenca es de pudor o de sentido de la realidad.

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